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GACETA DENTAL : CIRCE DENTAL

CIRCE DENTAL


Gaceta Dental
CIRCE DENTAL
La riqueza de la mitología de griegos y romanos da mucho juego. Unos y otros se inventaron todo un mundo en el que dioses superiores y de segundo orden, semidioses y héroes representaban lo bueno y lo malo que se puede hallar en la tierra, pero elevado a un grado inalcanzable para el común de los mortales. Instalados en el Olimpo, las deidades superiores ejercían su parcela de poder –ninguno, ni siquiera el dios griego del universo, Zeus, o su sosias romano, Júpiter, eran todopoderosos– sobre los demás seres mitológicos y, claro está, sobre los pobres humanos. Así es que había quienes se ocupaban de los Océanos (Poseidón-Neptuno), de la Tierra (Gea-Tellus) o del Tiempo (Cronos-Saturno), pero también de la Medicina (Asclepios-Esculapio) o de los Infiernos (Hades-Plutón y Persépone-Proserpina, se ve que en esto quisieron dar igualdad de oportunidades a ambos sexos). Según parece, Circe, una maga «cruel, hipócrita y celosa» que figura en la Odisea de Homero, atraía a sus víctimas hacia su maravilloso palacio de la isla de Eea, donde las cautivaba con sus encantos, se apropiaba de sus energías y riquezas y finalmente las convertía en manadas de bestias. Eso hizo con los argonautas (a los que convirtió en cerdos) que acompañaban a Ulises-Odiseo en su travesía hacia Ítaca, donde le esperaba su fiel esposa, Penélope, tejiendo de día y destejiendo de noche el sudario prometido a su suegro, el rey Laertes, para con esa estratagema esquivar su desposorio con cualquiera de los muchos pretendientes que le surgieron a la bella cónyuge durante los ¡veinte! años de espera; mientras que, dicho sea de paso, el legendario héroe caía rendido ante los encantos de la susodicha Circe. Pero esa es otra historia y no conviene distraernos del camino que ha de llevarnos a otro puerto bien distinto al de la isla de Ítaca. Esa irremisible atracción ejercida sobre indefensos, crédulos, incautos y cándidos humanos con el claro objetivo de hacerse con sus bienes y hasta con su voluntad, incluida la salud, ha engendrado un nuevo capítulo que ni el mismo Homero habría sido capaz de imaginarse en sus muy imaginativos poemas de la Ilíada y la Odisea. Fueron muchas las voces surgidas de plebeyos y semihéroes que avisaron a los inquilinos del moderno Olimpo de los engañosos cantos de sirena –otra fábula homérica con Ulises de protagonista– que prometían dar dracmas a pentaras (duros a pesetas) y muchos más los que cayeron en las redes tejidas por un Saturno que devoró a cuantos confiaron en las patrañas urdidas bajo la apariencia amable de un ser que decía tener más corazón que nadie. Pero la mitología moderna incluye un problema olímpico (relativo al Olimpo) de difícil solución, pues hay no menos de dieciocho semidioses responsables de la Medicina o, más ampliamente, de la Salud que son inmunes a las llamadas de atención que se les hace sobre los peligros que representan algunos individuos escapados a sus poderes, ocultos a la hipotética autoridad que se les supone a las modernas deidades. Estas, sin embargo, se muestran como seres endiosados que andan parapetados en sus escaños, despachos y sillones de toda suerte de comisiones, allá, en el nuevo Olimpo, desde donde miran sin ver y oyen sin escuchar las tropelías que se cometen con algunos de sus pecheros más desprotegidos. Nacidos para administrar la sociedad –como los griegos para velar por el orden del Universo–, los dioses administrativos parecen más interesados en que prime el estado amorfo y de confusión que era/es el caos que en poner armonía y disciplina. Y con Circe ojo avizor y oído alerta.
1E Ejemplar
2,69€
1M 1 Mes
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3M 3 Meses
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6M 6 Meses
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1A 1 Año
19,99€